“CNN+ se apaga para siempre”. Esta fue, simultáneamente, la última noticia y la despedida del extinto canal. Y así, con la cabeza bien alta, CNN+ cumplió con su prometido – no exento de cierto tono de protesta- de informar fiel e inmediatamente hasta su último momento. Este canal ha sufrido durante muchos años problemas de ingresos y solvencia pero de nada sirvió la subida de audiencia del último año de CNN+ en España. Las luchas y simbiosis entre titanes mediáticos se cobró una de las primeras víctimas, y la pieza que cayó del tablero fue la que abogaba por la información y la verdad intensiva. Aunque se plantea la creación de otro canal informativo 24 horas, Prisa asegura que no se podía mantener el canal CNN+. Pero si ya es suficientemente trágica esta pérdida, Prisa se coronó con otra medida que más bien parece una broma de mal gusto; sustituir a tal canal referente del periodismo y la educación por el de Gran Hermano 24 horas, un canal antagónico donde se premia al mal gusto, los insultos, lo censurable, lo mediocre. Obviamente en esta lucha de todo vale el jugoso premio es el alto porcentaje de audiencia. ¿El público es soberano o marioneta de lo que ve? Sería equivocado decir que fueron los mismos televidentes los que desde su trono del sofá eliminaron a CNN+ de forma democrática, pero sí que el porcentaje de audiencia es utilizado y manipulado como única medida para garantizar lo que vale, y así se ostenta sin pudor en las promociones de las cadenas. Medida que no parece tener lugar en un tiempo donde la pluralidad de canales exigen cada vez más políticas que se centren en distintos nichos de mercados y en el long-tail.
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