28 de marzo de 2011. Algún sociólogo señaló en su día la mediocridad de las noticias en televisión; dependen demasiado de la imagen, tanto, que si no hay video no hay noticia. Y al revés; si hay video hay noticia. En España disfrutamos de imágenes innecesarias para ilustrar la información, como la de un cuerpo de vaca pudriéndose durante largos e insoportables segundos.
Sorprende que en la otra punta del mundo la reacción de los medios de comunicación sea diferente. Lejos de dejarse llevar por el pánico y la morbosidad, Japón tardó en abandonar su calmada perspectiva. De hecho, el país nipón concedió una nota medianamente baja en la escala INES (calificación mediante la cual se mide el peligro de un accidente nuclear) al desastre de Fukushima.
Este optimismo pudo contagiar al pueblo japonés de una actitud envidiable frente a la catástrofe, pero también es criticado por una comunidad internacional cada vez más temerosa y especulativa. Se duda que el país del Sol Naciente brinde al mundo toda la información que tiene a su disposición. Empero, la cadena japonesa NHK no ha tenido más remedio que bajar la cabeza y reconocer que el posible desastre nuclear puede superar al de Chernóbil.
El pueblo japonés no cesa en denunciar este flujo de comunicación turbio y confuso. Y aunque los medios japoneses evitaron un posible estado de histeria y terror entre sus espectadores, no deja de ser reprochable que para este fin se recurriera a la desinformación y la ambigüedad, y no a un periodismo serio.