miércoles, 23 de marzo de 2011

Amenaza continua

Fuenlabrada, 23/03/2011 Un fuerte sentimiento de deber y lealtad. Esto es lo que mueve a centenas de operarios de la central de Fukushima a perder la salud o la vida para garantizar la seguridad de su país. Muchos han caído enfermos, y no pocos muertos; los trajes especiales no protegen de todas las partículas peligrosas y los trabajadores han sobrepasado con creces el nivel de exposición mínimo para no padecer cáncer.
Esto es un ejemplo más de la deuda que tiene la energía nuclear con el país nipón. Muchos japoneses padecieron pánico a la radiactividad desde la caída de las bombas atómicas, pero este hecho no evitó la construcción de numerosas centrales nucleares por todo el país. Con las cartas sobre la mesa, no se deja de cuestionar el por qué de estas construcciones en un país con tantos seísmos, e incluso se augura el final de la energía nuclear en Japón.
La situación en Fukushima ha conmocionado todo el mundo, y si bien los habitantes del país del Sol Naciente invocan el recuerdo de Nagashaki e Iroshima, en otros lugares vuelve a aparecer el fantasma de Chernóbil. Y todos vuelven a tener consciencia del problema; la Unión Europea promete revisar todas las centrales nucleares de los países miembros, China pausa construcciones de centrales, Alemania cierra plantas atómicas…
Chernóbil, Three Mile Island, Fukushima… Y en cada accidente o desastre el mundo parece despertarse y concienciarse de nuevo con la problemática nuclear. La amenaza siempre ha existido pero sigue cobrándose víctimas. ¿Cuántos desastres más necesitamos para empezar a tomarnos la seguridad en serio?

1 comentario:

  1. Muy bueno el artículo. El problema es que mientras esa seguridad sea total responsabilidad de una empresa privada que busque nada mas ni nada menos que su propio lucro, los desastres no cesarán. Y no solo en nucleares, recordemos el reciente caso de la petrolera BP... así son todos.

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