lunes, 14 de febrero de 2011

Sólo hay un camino

 Sandra López Vilches, Madrid 14/02/11
La lucha contra el terrorismo no admite medias tintas y la erradicación de ETA sólo conoce un camino: dureza, compromiso y firmeza. Seguramente el fin o la debilidad de la banda terrorista sea tan evidente que necesitan echar mano de estrategias tan pobres como el anuncio de una tregua ininteligible o esta nueva trampa de Batasuna para presenciarse en las elecciones.  
El renacimiento de la izquierda abertzale en Sortu es tan turbio que cuesta creer que se haya generado tal debate político en vez de exigir al brazo político de ETA lo que está reclamando la sociedad; que ellos exijan la extinción de la banda terrorista y que pidan perdón a las víctimas.
Y Sortu habló sin decir nada: sus representantes callan, titubean o se ponen nerviosos cuando se les pregunta por estas cuestiones. Cuestiones infranqueables si de verdad se aboga por el rechazo a la violencia, como tan bien escriben en sus estatutos. A Batasuna no le vale con desvincularse de la banda terrorista –cuando en realidad no son dos identidades distintas-, a su espalda va cargado de un pasado tan vergonzoso como sórdido. Lo único que debemos esperar de Batasuna es que pague su deuda con todos, no que se presente a las elecciones.
No hay que dejarse engañar; Sortu no es un éxito antiterrorista como muchos creen – o quieren creer; Aunque sea cierta su total renuncia a la violencia, aún existen muchos otros caminos para ayudar al terrorismo directa o indirectamente: como el apoyo o  la indiferencia…

lunes, 7 de febrero de 2011

UN NUEVO RUMBO

Hace ya casi dos meses, un joven tunecino se inmoló después de que la policía le arrebatase su humilde negocio. Su muerte fue un grito de desesperación, de protesta, una llamada de atención hacia la realidad de su país. Su muerte es el inicio de la mecha y la explosión está sacudiendo el mundo entero.
Es el momento de escribir un nuevo capítulo de la Historia y los autores deben ser los mismos ciudadanos; un cambio por y desde el pueblo. Y es que no puede ser de otra manera: un sistema liberal, democrático y justo obliga a los que están en la cima a desprenderse de sus privilegios y a supeditarse a la voluntad de la soberanía. No es momento de bajar la guardia y países como Marruecos no deben dejar que la burocracia sea la que controle su camino hacia la democracia para perderse entre trámites y medias tintas.  El cambio es inevitable pero el rumbo es incierto; no son tiempos fáciles y la revolución se cobra víctimas mortales y destrozos económicos. La Historia es imparable y todavía no sé sabe hasta que punto la mecha que ánima a la libertad y la democracia seguirá encendida.
En esta nube de desconcierto se sumerge el norte de África y el mundo occidental no puede más que mirar expectantes como transcurre todo. Europa, manantial de ideas y prototipo de la democracia, se hunde entre la corrupción y la indiferencia de su cada vez más menguante número de votantes. Y si estos países del norte de África consiguen su tan deseada democracia, su espíritu podría contagiar a todo el mundo, refrescando los valores y eliminando la empatía con la que nos enfrentamos a las urnas.