UN NUEVO RUMBO
Hace ya casi dos meses, un joven tunecino se inmoló después de que la policía le arrebatase su humilde negocio. Su muerte fue un grito de desesperación, de protesta, una llamada de atención hacia la realidad de su país. Su muerte es el inicio de la mecha y la explosión está sacudiendo el mundo entero.
Es el momento de escribir un nuevo capítulo de la Historia y los autores deben ser los mismos ciudadanos; un cambio por y desde el pueblo. Y es que no puede ser de otra manera: un sistema liberal, democrático y justo obliga a los que están en la cima a desprenderse de sus privilegios y a supeditarse a la voluntad de la soberanía. No es momento de bajar la guardia y países como Marruecos no deben dejar que la burocracia sea la que controle su camino hacia la democracia para perderse entre trámites y medias tintas. El cambio es inevitable pero el rumbo es incierto; no son tiempos fáciles y la revolución se cobra víctimas mortales y destrozos económicos. La Historia es imparable y todavía no sé sabe hasta que punto la mecha que ánima a la libertad y la democracia seguirá encendida.
En esta nube de desconcierto se sumerge el norte de África y el mundo occidental no puede más que mirar expectantes como transcurre todo. Europa, manantial de ideas y prototipo de la democracia, se hunde entre la corrupción y la indiferencia de su cada vez más menguante número de votantes. Y si estos países del norte de África consiguen su tan deseada democracia, su espíritu podría contagiar a todo el mundo, refrescando los valores y eliminando la empatía con la que nos enfrentamos a las urnas.
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